En el contexto actual de deterioro de la convivencia ciudadana, Chile debiera utilizar el impacto de los medios de comunicación para realizar campañas educativas que promuevan conductas, actitudes y valores que fomenten una cultura de respeto y cuidado básico entre las personas, el cuidado de los espacios públicos y del entorno. Y la televisión pública —que todos financiamos— debe liderar ese desafío, incorporando en su programación contenidos valóricos, culturales y educativos de calidad. Además, se debe pensar en nuevas plataformas, porque hoy el público está en las redes sociales. La formación ciudadana debe llegar a donde está la gente, con ética y compromiso social. La educación escolar por si sola- no puede lograr lo que la familia y la sociedad no hacen ni promueven. Basta de «pan y circo» a través de reality shows, programas de farándula y otros de dudosa calidad, dedicados a comentar pormenores de la vida de personas que no son ningún aporte ni modelo para nadie. Porque sólo sumando esfuerzos construiremos una sociedad mejor, para todos, niños, jóvenes y mayores.