Dios es nuestra mayor riqueza
Lunes de la 29ª semana del Tiempo Ordinario - Año II Lc 12,13-21 12,13 Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». 12,14 Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». 12,15 Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aun en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas». 12,16 Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, 12,17 y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. 12,18 Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, 12,19 y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. 12,20 Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. 12,21 Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».
