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Me levanta para amar
Hoy caminamos con el Evangelio según san Lucas, capítulo 4, versículos 38 al 44. Jesús entra en la casa de Simón, toca el dolor concreto de una familia, sana a la suegra de Pedro, libera a muchos enfermos, ora en silencio y sigue anunciando el Reino.
Este Evangelio nos recuerda algo muy cercano: Jesús no actúa solo en el templo o en los grandes momentos; también entra en nuestra casa, en nuestra rutina, en nuestras preocupaciones y en esas necesidades de cada día que a veces no sabemos explicar.
La frase que nos acompaña hoy es: “Jesús se acercó, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.” Jesús no sana solo para quitar un malestar; sana para devolver vida, levantar el corazón y ayudarnos a amar mejor.
Un episodio para dejar que Jesús toque nuestras “fiebres del alma”: la prisa, el cansancio, el miedo, el estrés, la preocupación o el deseo de controlar todo. Y también para recordar que, después de ser tocados por su amor, somos levantados para servir con sencillez.
La frase que nos acompaña hoy es:
Jesús me levanta para amar.
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