Hace poco comentábamos lo contraproducente que es el hecho de fijaros en todo lo que queda por salir en materia de corrupción, sin reparar en lo que ya ha salido. En lo que ya está encima de la mesa del magistrado instructor del Tribunal Supremo o lo que hemos conocido. Que es mucho. Y que los tiempos de la policía judicial y de la Justicia no se corresponden con los tiempos periodísticos, y mucho menos políticos.