Retomando el tema de inclusión educativa que abordamos en nuestro primer capítulo, hoy queremos profundizar en sobre las necesidades de los niños con capacidades diferentes y la forma de abordarlas en el colegio. Para ello, recomendamos firmemente una inclusión educativa progresiva que vaya de menos a más. Es decir, que en los primeros años escolares el estudiante reciba una estimulación intensiva en aula de recursos y participe con su grupo curso en las actividades artísticas, psicomotrices, recreos y efemérides. Que la enseñanza de los aprendizajes básicos para los procesos de lenguaje, lectura, escritura, matemáticas y tecnología los realice en el aula de recursos junto a otros alumnos con capacidades diferentes. Y así, a medida que logra un dominio básico de estos aprendizajes instrumentales, se vaya incorporando a participar de las clases junto a su grupo curso. Esta propuesta no es nueva ni original. Así es como se trabaja la inclusión educativa en la mayoría de países con altos resultados académicos en Asia, Europa y también en Estados Unidos. Hay que aplicar criterios de flexibilidad, pertinencia y efectividad, priorizando y centrando la mirada en el bienestar emocional y el real aprendizaje de los estudiantes con necesidades educativas especiales, que hoy -si bien están en las salas de clases regulares-, es evidente que no están aprendiendo lo que necesitan, lo que pueden, ni lo que deben.