Envíanos tus comentarios La trata de personas es, quizá, una de las heridas más profundas de nuestra sociedad actual. Millones de hombres, mujeres y niños son captados, trasladados y explotados cada año, reducidos a mercancía en un mercado que niega la esencia misma de su humanidad. Pero, ¿por qué es tan grave este crimen más allá de lo legal y lo social? Porque la trata de personas atenta directamente contra la imagen de Dios en el ser humano. Gn 1:27 nos revela que fuimos creados “a imagen y semejanza de Dios”, portadores de dignidad, libertad y valor intrínseco. Sin embargo, la trata destruye esa identidad, despojando a la persona de su voluntad, de su voz y, muchas veces, de su esperanza. Este problema no se mantiene solo por la violencia, sino también por la ignorancia y el secreto : El silencio colectivo que permite que redes enteras operen impunemente. Contáctenos :
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